четверг, 4 сентября 2008 г.

Niebla

Ahora que lo pienso bien, todavía no estoy segura de haberlo leído en algún libro o cuento, o haberlo visto en alguna película. Tal vez haya sido idea propia mía, nacida de la aleación de diferentes imágenes recogidas de otras partes. Si es así, pues está bien, y si no, si le estoy robando la idea a alguien o simplemente me estoy copiando, ya me perdonarán. Lo único de lo que estoy segura, muy segura, es de sentirlo en piel propia, de verlo con mis propios ojos tenerlo presente y sentirlo real como una realidad inminente.

La niebla se forma cuando la confusión es absoluta. Así empieza..., bueno, me doy cuenta de que empieza cuando no sé bien en lo que estoy pensando. Viene a mi alguna idea y de inmediato se contradice, así que ya no sé por cual de las dos decidirme. De esta forma, como no encuentro salida al problema, trato de pensar en otra cosa. Pero esa otra cosa me conduce siempre al inicio de la misma divagación, y así empieza la desesperación. Cuando esta última se empieza a hacer más intensa ya aparece un leve dolor de cabeza, que se transforma poco a poco en náuseas, mareo, y escalofríos en la piel muy dolorosos. Ya lo he dicho, todo esto es progresivo. No importa en donde esté, puedo estar igual en mi casa, acostada en mi cama mientras leo algo, sentada en el computador revisando información de internet, paseando por un parque lleno de flores y de niños, o sentada en un vagón del metro yendo para algún lugar. No importa. Empieza la convulsión y todo lo que está alrededor empieza a volverse gris y luego blanco. Y es en este momento,en este preciso momento, que empieza la niebla a formarse. Usualmente, si voy en el metro, tengo que alcanzar la siguiente estación para salir y poder respirar. De otra forma siento que voy a vomitar encima de los demás pasajeros. Salgo corriendo, subo las escaleras y cuando salgo a la calle, ya no hay nada que se pueda ver. La niebla se ha formado. No soy yo la única que la ve. Es real, es niebla real. No estoy hablando en sentido figurado. Es algo real. En la calle aparece la niebla, niebla, nubes que de repente aparecen entre el cielo y la tierra, agua condensada que baja desde el cielo hacia la tierra. Niebla real.

La primera vez que sucedió pensé que era sólo imaginación mía. Pero luego presté atención a los comentarios de la gente, y sí, todos la veían. Hablaban de ella, se quejaban de ella. La gente siempre habla del clima, de todas las conversaciones que se escuchan en la calle un porcentaje bastante alto lo ocupan los temas sobre el clima. Qué frío, qué calor, cómo ha llovido hoy, hace tanto que no llueve, nieva... en fin. Sobre todo se quejan de la niebla. A la gente no le gusta ver todo gris y tener que agolparse cuando el ambiente se pone tan espeso porque de un momento a otro todo se ha hecho oscuro. Eso, por lo menos, es lo que dicen. Lo que piensan realmente no lo puedo adivinar, de hecho no me importa. Y en el momento en que mi niebla se ha escapado por fuera de mi cerebro no me importa nada.

No sé nunca cómo acaba todo. Por un momento pierdo la conciencia y cuando la recupero, todo parece haber vuelto a la normalidad. Me quedan, eso sí, algunos resagos del dolor de cabeza. Dice el médico que es migraña severa crónica, algo así, a mí que me importa. Yo estoy segura de que es mi niebla que se quiere apoderar de todo, o no sé, si es un ente sin razón ni voluntad, no creo ni siquiera que ‘quiera’ algo, cómo podría. Pero se apodera. Se sale de los límites de mi cabeza física y alcanza a todos. Tal vez por eso siempre termino sola al final de todo. Lo sé, mi niebla ha llegado a un nivel tal, que domina mi vida física y simbólicamente. No puedo hacer nada contra esto. Tanto si es real como si no lo es, ahí está y no va a desaparecer por mi voluntad. Aparece y desaparece y ya. Cada vez que aparece me deja más débil. Tengo menos capacidad para entender lo que sucede en el mundo, a mi alrededor y para precisar y definir lo que siento. Cada vez me deja un poco más estúpida. Y ya no entiendo nada. La niebla aparece cada vez más seguido. Dicen por las noticias que son los cambios climáticos. Pero ya no me importa tampoco.

10 de Febrero de 2008