Podría describir el color y forma de cada uno de sus dientes, la forma de su boca, describir detalladamente cómo ésta se mueve cuando pronuncia cada palabra, cómo ejecuta cada gesto, describir cada gota de saliva que se le escapa al pronunciar ciertas consonantes, pero no puedo entender de qué me está hablando. Tal vez ya en mi cerebro no hay una cantidad suficiente de neuronas que le permitan un funcionamiento normal y yo no puedo razonar. Dicen que dormir demasiado mata neuronas, pero que no dormir lo suficiente también las mata. Las neuronas, dicen, también se mueren cuando hay emociones fuertes, se piensa demasiado e incluso cuando no se hace nada. Es decir, sea como sea, las neuronas siempre se mueren y se van a morir. Aunque ni siquiera lo intentes, hagas algo para cuidarlo o acabar con él, el cerebro humano se va consumiendo lentamente, sin esperanza, sin ninguna esperanza de recuperación, porque las neuronas no se reproducen, ni siquiera pueden recuperarse o regenerarse si han caído en algún estado... de enfermedad, tal vez cabría decir, no sé. El punto es que creo a veces reconocer algunas de las palabras que dice, a veces incluso entiendo una frase completa, pero el sentido... ¡el sentido!, el sentido de lo que dice es un misterio cada vez más inalcanzable para mí.
Quisiera poder entender al género humano cuando se da a través de la particularidad. No puedo entender por qué estoy sentada en este sitio escuchando a alguien que enreda hasta mi silencio. Por un momento he creído oir que callo porque nada me importa en la vida, y hasta he escuchado a mi propia voz decir en mi defensa que sí me importa, sólo que no sé qué decir. Su voz ha subido de tono, y acá es en donde me vuelvo a perder yo del camino que tejen los acertijos de su mente, y es que de verdad trato de comprender, pero ya me he olvidado por qué empezó todo esto, cuál fue el problema generador de esta situación, y no sé qué puede ser peor, si hablo digo la frase equivocada; decir sí no es la respuesta correcta, pero decir que no tampoco lo es. Así que callo y mi silencio tampoco acierta. Me pregunto qué querrá de mí, en qué lo podría ayudar yo, específicamente, si mi visión es corta con respecto a los problemas de la vida, si a veces me siento aburrida de mí misma, ¿no se aburrirá el también, digo, de mí? Yo no puedo ni comprenderme a mí misma, cómo puede pretender que lo comprenda a él, que sólo por el hecho de ser humano ya es complicado, situación que se agrava (para mí) si se considera que es ‘otro’ ser humano, y se agrava aún peor porque él mismo es muy complicado.
Me pregunto si habrá otra manera de formar pensamientos que no sea con ayuda del lenguaje. Tal vez mi problema es la falta de conocimiento de palabras necesarias que expresen y ordenen mis ideas. Tal vez es que no tengo ideas, por eso no puedo pensar, expresar lo que pienso, porque finalmente mi cerebro está totalmente vacío. Otras veces pienso que mi problema es que no puedo aprender nada nuevo. Que sólo repito y repito las ideas que ya he aprendido en algún momento de mi vida, y que por eso no puedo entender las cosas que van pasando a mi alrededor, porque son eventos nuevos, y en conclusión, no puedo entender a la gente, que es diferente siempre a lo que ya conozco. La personilla parlante que está sentada enfrente mío ha recorrido un trayecto demasiado largo, novedoso y sofisticado para este cerebro de fríjol que tengo. Fríjol tostado lo llamaría con más exactitud.
¡Cuántas horas ya habrán pasado desde que toda esta tragedia se comenzó a formar! Ya me empezó a dar hambre, ya me duele el estómago, y peor va la cosa ahora que me acordé de todo lo que hay en la nevera. Qué rico sería un pedacito de pan con queso para untar, y una tajada de jamón, del que compré ayer, estaba barato pero salió bueno. Al fin y al cabo el hecho de que algo sea barato no implica obligatoriamente que sea de mala calidad. O tal vez las naranjas, ni muy ácidas y no tan dulces, que me quitarían de paso esta sed que me está dando. Tal vez debería tomarme mejor un café bien negro, para quitarme el sueño que ya tengo de tanto escuchar y escuchar. Creo que lo dije en voz alta, porque mi parlante de hueso y carne ha dicho algo sobre intereses, otra vez, y balbucea repetidamente la palabra café café café. Pero bueno, por lo menos le he ofrecido café, negro, para que sigamos hablando, tranquilamente, como amigos. Siempre los amigos conversan frente a una taza de café y la cosa se hace más agradable. Se pueden hablar de las propias penas, de los dolores, y se comparten ideas. Me dice que está deprimido, pero yo no sé cómo yo afecto a su depresión, o cómo podría ayudarlo. Creo que de todos sus traumas lo único que puede salir es que de alguna forma me convierto yo en la encarnación de un culpable para sus dolores.
Dice que yo lo culpo de algo, pero no he abierto la boca sino para bostezar disimuladamente. No sé cómo me puede leer la mente, según él. O tal vez me conoce mejor de lo que yo misma me conozco. Según él, sabe qué es lo que estoy pensando en este momento, que él es un idiota, un estúpido y que no lo valoro, pero yo sólo estaba pensando en que no puedo entender porque la estúpida soy yo, y claro, ahora eso me ha convertido en una cínica sin remedio, menos mal no sabe que hasta estuve pensando en un delicioso sandwich que está esperando en la nevera a ser hecho y en consecuencia ser comido, porque no tendría sentido hacerlo y no comerlo. Dice que siempre me he creído superior a los demás, pero que él me ha puesto en mi sitio, me ha bajado de la nube, o me va a bajar, o alguien me va a bajar, no entendí.
Pero creo que el punto es que el mundo ha sido un lugar absurdo para mí, que las personas son algo inaprensible, que seré siempre una inútil para vivir en sociedad, pues no puedo captar y elaborar las tramas que siempre se cocinan dentro de los grupos humanos. ¿No sabrá que soy una incauta, que me pueden manipular de la forma que mejor le parezca, sin necesidad de esta verborrea ondulante, que me adormece y me espanta? Sólo tiene que usar un poco el cerebro y no tanto la lengua, y ya yo estaría haciendo todo lo que él quisiera, pero no, no está conforme, creo que lo que quiere es torturarme hasta la desesperación. Creo que tal vez se calmaría si yo empezara a llorar, como siempre ha pasado y así me diría que tiene razón, que siempre ha visto en mis reacciones histéricas mis pretensiones de manipularlo, y ya quiero darle gusto de una vez por todas, con tal de que se calle, de que me deje tranquila por un rato, quiero salir, darme una vuelta por el parque de enfrente, tomar aire, necesito un descanso, ya me gira todo todo me da vueltas. Quiero salir y no me va a dejar. Dios mío, qué he hecho para merecer esto, y por qué no podré yo misma hacer uso de tales artilugios, pero sí, sí los he usado, sólo que a mí siempre me sale todo al revés cuando intento hacer algo con un propósito, y por supuesto, siempre tengo que salir digamos perdiendo, aunque no creo que sea la palabra, porque significa que si yo pierdo, con respecto a él, entonces él tendría que salir ganando y yo no veo realmente qué es lo que gana.
Los deseos de poder sobre otros, ese es el punto. Por conseguir el poder es que han pasado tantas cosas en la historia, y eso debe ser lo que mueve a mucha gente a actuar de cierta forma. Tal vez yo también lo he hecho, ahora pienso, sólo que no me doy cuenta. Sí. Creo que ahora sé que siempre he sido estúpida, sólo que no me había dado cuenta. Sea lo que sea ya no me importa, estoy cansada, muy cansada, ya desde hace rato me duele la cabeza y tengo ganas de vomitar. Qué podré decir yo a todo esto, cómo me puedo salir de este enredo. Si por lo menos supiera de qué se trata este asunto, hasta podría decir alguna frase ingeniosa y cerrar con broche de oro, como dicen, todo esto. Pero no sé qué hacer. Ya tengo ganas de llorar. ¿No me podré ir ya a donde mi mamá? Que haga lo que quiera, ¡pero es lo que estoy tratando de hacer desde hace mil horas! Pero no puedo ser grosera e irme así no más, porque tengo la impresión de que no ha terminado de hablar. Sí, sí, sí, siempre es así, pretendo ser una niña bien educada y a fin de cuentas lo que soy es una orgullosa sin medida, que cree que el mundo no puede tocarla, pero es que no veo cómo acercarme yo misma al mundo, y ahora empieza con su psicoanálisis barato, que siempre he tenido resentimientos contra la gente de mi familia, no está muy seguro si contra mi papá o mi mamá. Dice que mi problema es que soy tan reprimida que no puedo ni recordarlo ni verbalizarlo. Bueno, él lo sabrá porque yo no me acuerdo de nada, y si fue así, pues no sé cómo pudo haberlo averigüado, porque yo no le he contado a nadie nada de lo que no me acuerdo y seguramente no ha pasado. O tal vez si pasó y sólo hablo de eso mientras estoy dormida, o las veces que me he emborrachado y no me acuerdo de nada más. No sé, no sé. Pero según sé de mí misma no me ha pasado nada terrible, ¿y si me lo he inventado? Podría él tener razón, y yo soy en verdad ese tipo de persona que se inventa historias dramáticas para provocar lástima en los demás y que hagan lo que ella quiera. ¿Pero para qué querría yo que él hiciera algo? Yo no quiero que haga nada, sólo quisiera que se quedara tranquilito, callado se ve tan bonito, como cuando lo conocí. Estaba sentado con mis amigos y mientras ellos discutían sobre algo sin sentido, para mí por lo menos y como siempre, él miraba con calma hacia la ventana o hacia ellos, y sonreía. Yo me acerqué a saludarlos, nos presentaron y me dijeron que me quedara con ellos. Me senté junto a él, porque se veía tan normal, tan incapaz de tejer tejemanejes y simplemente nos quedamos sentados, hablando de cosas simples y sonriendo por bobadas. El tiempo fue pasando y todo fue cambiando. Al principio no hubo peleas o discusiones, creo mientras no me tenía confianza. Ya luego comenzaron las muestras de poder, que yo no cedo si tú no aceptas que eres culpable en esto, esto y esto, y pues cual es la diferencia, si para él sólo cede cuando ve que me humillo y debo pedir perdón de rodillas... igual siempre cedo, no se me cae nada, pero él no lo ve así. Dice que puedo pedir disculpas pero que por dentro de mí se cocinan no sé cuántas cosas oscuras y absurdas en contra de él, de él que quiere que salga todo perfecto, todo tan bonito. Y luego le fue incorporando más elementos a las discusiones, para terminar en que a veces se da golpes de pecho porque se equivoca, pero sus equivocaciones sólo se originan de su temor a perderme, de su necesidad de hacerlo todo en nombre de su amor puro y que raya con lo sagrado, con algo celestial. Entonces yo digo que está bien, que algo que hizo me dolió, pero que puedo disculparlo, que entiendo que se equivocó y ya, pasemos al siguiente capítulo. Pero él no, quiere más, siempre quiere más y yo ya no tengo más que dar. Sólo pienso en la forma de escaparme, no quiero estar aquí, quiero que todo se acabe, por qué las cosas no se acaban cuando uno quiere, ¿qué tendría que pasar para que ya todo se acabara? Y si le dijera que he estado con otras personas, tal vez me de un puño, unas patadas, o me mate. Pero ya me libraría de todo esto. Preferiría que me matara exactamente ahora con tal de no seguir escuchando. ¿Por qué el mundo no desaparece cuando uno cierra los ojos, y ya? Todo se debería esfumar. Cierro los ojos con fuerza, para que se vea todo oscuro oscuro, con los brillitos que se conservan de la luz, como estrellitas de colores, que se mueven rápido y se siente algo así como un calorcito. O cerrar los oídos... cuando no veo algo casi no puedo escuchar si no quiero, lo intento, se escucha su voz como una cascada de agua. Creo que empiezo a lograrlo, voy a desaparecer. Ahora me sacude, abro los ojos y todo vuelve a aparecer. Lo puedo hacer una, dos, tres, mil veces. Cierro los ojos y el mundo desaparece, es decir, yo desaparezco, los abro y ahí está. Aparece, desaparece, me mareo, ok. Se acabó. Me voy.
Cuando salí de esa habitación llena y cerrada de vapores humanos que han pasado por alguna emoción fuerte durante varias horas, ya no había sol en la calle. La luna no estaba llena, no noté ni siquiera si había luna. Caminé durante mucho tiempo. Caminé las horas hasta que el sol volvió a aparecer y todo se iluminó. No me siento cansada, pero vuelvo a mi casa. Lo encuentro sentado en la puerta de mi edificio. Quisiera patearlo y acabar con todo de una vez. Pero llora, se retuerce, se revuelca en su propio vómito y pide perdón. Odio sentir compasión, y es lo que siento en este momento. Esto nunca se va a acabar, siento compasión por él y odio contra mí por sentir compasión. Parece logró que me volviera como él, ya tengo emociones complejas. Mejor me entro y no lo escucharé más. Así desaparece. Ya me harté. Voy a dormir.
Moscú, Mayo 2007
вторник, 22 сентября 2009 г.
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