Se había estado despertando durante toda la noche, una vez cada media hora, con la sensación de no saber en dónde estaba, y de estar repitiendo escenas de su vida pasada en diferentes momentos en variados lugares. Por eso, ya a las siete de la mañana, cuando definitivamente ya tenía que levantarse, lo atacaba un dolor de cabeza intenso, un sabor amargo en la boca, seca, como si hubiera estado tomando alcohol durante toda la noche, y la sensación de un taladro penetrándole todos los músculos del cuerpo al mismo tiempo, desde la cabeza hasta los pies. Todo lo hizo según la costumbre diaria, y salió a la calle, inusualmente vacía, fría, extraña. Sinitió estar como en un sueño, pero por alguna razón tenía la certeza de estar despierto, y sabía que sus impresiones eran producto de una mala noche, del cansancio acumulado de varios días de trabajo sin un buen descanso. Sólo una ilusión, como el deja-vu, en el que se cree ya haber vivido una situación específica, pero de hecho es simplemente un ‘error’ en la comprensión lineal-temporal del cerebro. Sólo algo físico a lo que se le han dado explicaciones místicas y sobre lo que se especula.
Pero en la calle no hay carros, no hay gente, no hay ni siquiera perros, gatos, pájaros. El viento tampoco sopla y es agosto, famoso por sus fuertes vientos en esta zona del mundo. A veces tan fuerte que no se puede caminar en la dirección deseada sin tener que detenerse y esperar a que pase un poco la ventisca. Y hoy ni siquiera puede percibir una brisa suave, ni nada que anuncie que el mundo está activo. Mira al cielo, no hay nubes y la claridad del día no parece resultado de un sol vivo que alumbre y caliente. No hay nubes y sin embargo hay un color gris en todo, como cuando está a punto de llover. El frío es intenso.
Sigue caminando hasta la parada del bus. Ya habrán pasado veinte minutos y la ciudad sigue sin dar señales de vida. Llega a su primer destino y espera, solo, y por la avenida no pasa ningún carro. Tal vez hoy es domingo, y es tan temprano, por eso la gente en la ciudad no se dirige a sus trabajos ni a ningún lado por ahora. Nadie trabaja, nadie estudia hoy. Mira su reloj, que junto con él es el único que se mueve. La fecha no muestra un domingo, de eso está seguro.
Es inútil seguir esperando. Va a llegar demasiado tarde al trabajo. Tal vez hoy haya paro de transportadores, por eso no hay buses ni taxis. Sabe que a pesar de los paros y huelgas en su oficina siguen trabajando, como si nada pasara, pues la mayoría de sus colegas tienen carro particular, por eso decide irse a pie. Tal vez se tarde una hora, pero ya la curiosidad ha crecido y quiere ver si en otras partes de la ciudad todo está como acá.
Camina, camina. No hay nada abierto, no hay nadie. Está solo en la ciudad. ¿Cómo pudo haber pasado? Tal vez hubo una orden de evacuación mientras dormía. Tal vez empezó una guerra y todos huyeron. Tal vez tuvo un ataque de algo que lo mantuvo en coma durante varios días y mientras estuvo inconciente sucedió no sabe qué terrible acontecimiento y todos huyeron o murieron, o quién sabe qué. Pero una guerra cómo pudo haber habido, todo está en su respectivo lugar, no hay nada destruído, ni ruinas ni nada por el estilo, y, de todas formas, en caso de guerra habría muertos en la calle, alguna señal de violencia y destrucción. El frío es muy intenso, todo es tan gris, pero no en color, sino en sensación. Empieza a temblar no sólo por el frío.
Decide entrar en una casa, comprobar si hay gente en la ciudad. Escoge una casa cualquiera y primero golpea a la puerta. Suave y poco a poco con más fuerza, casi con desesperación, hasta que empieza a involucrar golpes, puños, patadas que acompaña de gritos, gritos que piden que le abran y lo dejen entrar. No recibe ninguna respuesta y decide forzar la puerta y entrar por sí mismo. En caso de que llegue la policía pensarán que padece de alguna ‘situación mental’, así que no lo confundirán con un ladrón o asaltante. Pero dentro de la casa no hay nadie. Todo está en orden. Hay un reloj en la pared que se mueve perfectamente al ritmo de su reloj de pulsera, que marca la misma hora y que no da señales de anormalidad temporal en el mundo. Repite esta misma acción en varias casas más. Empieza a desear poder despertarse en cualquier momento, pero, ¿por qué sigue teniendo la certeza de que no está durmiendo? El frío es intenso. Muy intenso. Demasiado intenso.
Durante todo el día hace lo mismo. Entra en casas, con la esperanza ahora de que llegue la policía y lo lleve preso. Pero la ciudad sigue vacía. Se devuelve a su casa, se acuesta en la cama y trata de cerrar los ojos, para que cuando los abra otra vez las cosas hayan recuperado su orden. Mañana seguro irá a trabajar, incluso si no hay carros irá a pie, ya sin distraerse en entrar en casas de desconocidos. Y cierra y abre los ojos, una y otra y otra vez. Toda la noche. Una vez cada media hora. Y cuando en la mañana se despierta, pues ya son las siete y debe prepararse para ir al trabajo, ¡el frío es tan intenso!, tiene un dolor de cabeza fuerte, la sensación de haber estado corriendo toda la noche y un dolor en todos los músculos del cuerpo, como si un taladro le hubiera estado perforando cada parte de su ser. Sale a la calle, pero no hay carros, ni gente, ni gatos ni perros ni pájaros. Todo sigue vacío. El frío es muy intenso.
Moscú 30.10.06
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